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jueves, 10 de marzo de 2016
jueves, 28 de enero de 2016
Mis colegas (3)
Luis es un tipo que conocí una vez en la universidad, allá por 1995 o algo así... creo que fue en mi segundo intento universitario.
Congeniamos pronto, es como si estuviese preparado por el destino, juntar a dos tipos como Luis y yo en el mismo aula cursando estudios de ingeniería informática (ouuuuu yeah!).
Luis es un tipo muy inteligente, su 9.5 en un examen de Matemática Discreta lo dejó claro al poco de empezar el curso para todos los pusilánimes que poblaban aquella aula.
Aprendimos pronto que, mejor que en aquella universidad católica (si, si, como lo lees) se estaba en la cercana Universidad Autónoma; allí la cerveza y los porros era lo habitual (incluso me atrevería a decir, lo necesario) y las chavalas eran de otra pasta, sin tanta pasta, pero de otra pasta. Pronto pasábamos más tiempo allí que en nuestras clases de PSC (pensamiento social cristiano, tócate los cojones mari trini). Pasábamos los días con litros de cerveza en la mano y jugando a las cartas, o mirando el cielo tirados plácidamente en la hierba, eran tiempos felices... recuerdo que, por aquellas, las chavalas no estuvieron nunca en nuestro top 5 de necesidades e inquietudes, eran otras cosas las que nos interesaban. Queríamos ir al desierto de Almería a beber como Jim Morrison, y nos quedamos en Aranjuez subidos a un árbol; no era lo mismo, pero también tenía su aquel.
En nuestras aventurillas se empezó a unir gente, todos/as ellos/as gente interesante, la verdad es que apenas recuerdo un par de nombres y/o motes, y alguna cara; pero claro, eran tiempos duros... demasiados datos que procesar...
Como hitos importantes en nuestras vidas, por aquella, puedo mencionar el que, después de pegarme una buena hostia en coche, Luis y yo pensásemos que era una idea de puta madre tatuarnos un dibujo de Luis Royo en el pecho, concretamente uno de una mujer con una espada en las manos a la que Luis y yo vimos desde el primer momento cara de muerte; la muerte tenía que ser esa mujer... El tatuaje nos lo hizo un gitano que estaba de permiso en su condena (nunca supimos por qué) de no sé cuántos años en el trullo. Nos cobró cinco mil pesetas (de aquella) a cada uno y nos daba cerveza mientras nos hacía 'eso' en el pecho izquierdo. En concreto, el dibujo que elegimos aquella inspirada tarde fue este:
Si, si... ya lo sé. ¡Teníamos 19 años coño! Llevo un rato buscando una foto de cómo quedó el tatuaje, pero no la encuentro... en cualquier caso, creedme, h o r r i p i l a n t e !!!! Lo siento por Luis que aún lo mantiene en su pecho izquierdo, yo me lo tapé. Realmente feo, deforme, raro, una cosa para no olvidar...
Otra de nuestras grandes ideas de cómo pasar una tarde era beber bastante, subirnos a un montículo y dejarnos caer hasta abajo dándonos toda clase de ostias por el trayecto; de aquella admirábamos a gente como Jimbo o Bukowski, Baudelaire y su noviete, Hemingway, en fin, o grandes bebedores, o grandes consumidores de opio; bueno, les seguimos admirando, pero ahora de otra manera, quizá más sus obras que sus milagros, la puta edad. Al tema: caíamos, el de arriba se reía, el de abajo chequeaba que no había ningún hueso roto, y volvía a subir para tirarse de nuevo. Os juro que en aquel momento tenía sentido el juego, más que eso, era necesario. Explorábamos los límites de nuestros cuerpos y nuestras cabezas a base de drogas y maltratos auto infringidos. Nos encantaba el hecho de que nadie, aparte de nosotros, jugase a esos juegos. Nos creíamos pioneros en el arte de joderse el cuerpo, unos visionarios del ocio, un par de putos colgados.
En cierta ocasión también vimos procedente meternos desnudos, de madrugada, y con una temperatura ambiente por debajo de 0, en un pantano cercano al puerto pajares, en la confluencia de León con Asturias. No sin antes cerrar el coche con el que habíamos llegado allí con las llaves dentro.
Casi morimos, pero de verdad. Sobre todo el pobre Luis, que se mantuvo en el agua más tiempo que yo. Nos daba pena romper el cristal del coche con una piedra, porque el coche no era nuestro, pero la situación se nos reveló clara a los pocos minutos. El suelo nevado, mojados y cercanos a la congelación... ¡que le den por culo a la ventanilla del coche!
Ya en casa, el proceso de descongelación fue aún más traumático... necesitamos varias horas de agua caliente y varios litros de alcohol. Mientras, el jipi dormitaba en el salón ajeno a toda la movida y batiendo un record familiar de aguante en aquellos sillones que se resbalaban poco a poco hasta que acababas en el suelo.
Luego Luis consideró una idea cojonuda irse voluntario a la legión a Ceuta. Ahí decidí no seguirle, eso se me pasaba de loco... Luis volvió de la legión un poco más loco de lo que se había ido, pero además, loco de otra forma, más tipo loco-chungo, loco-loco de verdad, no sé si me explico...
Evidentemente, los dos abandonamos aquella universidad, no sin antes dejar una nota anónima amenazante en el parabrisas del coche del profesor de PSC por habernos suspendido. Creo que fuimos los dos únicos estudiantes de la historia de aquella universidad en suspender esa asignatura; estábamos hechos el uno para el otro definitivamente. Hace poco, hablando con Luis le pregunté que qué pusimos en aquella nota y, por lo que me contó, debió ser algo así:
'Te vamos a partir las piernas sapo baboso, ah! y no nos escupas'
¡Qué grandes tiempos!
Luis al poco, conoció a la que hoy sigue siendo su pareja y se fueron a vivir al puto campo. Ahora nos vemos poco, porque el campo me pilla muy lejos, y porque Luis pasa más tiempo en Francia que en España. Adora Francia y cada día detesta más España. Sé que está bien y él sabe que yo también lo estoy. Siempre tenemos pendiente una mahou para ponernos al día, y siempre llevaremos en nuestras cabezas y en nuestras capas internas de la piel el recuerdo de aquella época en la que fuimos realmente grandes.
P.D. ¡Se me olvidaba! también escribimos un libro de poemas: 'El dios del vino' e intentamos que nos lo publicasen. Nos reunimos los dos en el despacho de una señora en una editorial. La mujer era realmente bella, no recuerdo la cara ni el cuerpo, sí recuerdo una erección. Nos dijo que no. Bueno, que no con su dinero, que si lo queríamos hacer con el nuestro que vale, pero que aún así, había muchos tacos... Sigo teniendo un ejemplar por casa, y cada día que pasa lo entiendo menos. Si es que en algún momento entendimos algo.
martes, 26 de enero de 2016
Seguimos dando guerra ('Pelo de conejo')
Pues eso, que nos caímos, nos levantamos, nos volvimos a caer y nos volvimos a levantar...
No sé cuánto puede durar esta sucesión de subidas y bajadas, ya voy teniendo la espalda fatal. Rock del de siempre, del que hemos mamao, y ahora somos tres (qué pequeño!).
El día que lo deje, probablemente me vuelva loco, o cambie de vida. Mientras tanto, mi terapia semanal sigue adelante, ruido, mahou, colegas...
ainnssss si es que parece que tenemos veinte añitos....
No sé cuánto puede durar esta sucesión de subidas y bajadas, ya voy teniendo la espalda fatal. Rock del de siempre, del que hemos mamao, y ahora somos tres (qué pequeño!).
El día que lo deje, probablemente me vuelva loco, o cambie de vida. Mientras tanto, mi terapia semanal sigue adelante, ruido, mahou, colegas...
ainnssss si es que parece que tenemos veinte añitos....
miércoles, 5 de marzo de 2014
www.tabernalamoderna.com
Aunque la inauguración oficial será este viernes 7 de Marzo a las 19 h. Desde ayer mismo, la taberna ya está abierta y lista para ofrecer vino, cañas, tapas, música...
Allí nos vemos, ¿no?
¡Salud!
www.tabernalamoderna.com
Allí nos vemos, ¿no?
¡Salud!
www.tabernalamoderna.com
miércoles, 29 de enero de 2014
Mi nuevo reloj
Este es mi nuevo reloj, aún no
tiene nombre. La mañana de hoy ha sido nuestra primera mañana juntos, además ha
venido a casa a una hora un poco jodida, me ha despertado.
Nos hemos mirado, nos hemos olido, nos hemos tocado. Tengo que buscarle un nombre, tendrá que ser algo exótico, oriental.
La primera impresión ha sido
buena, creo. Creo que nos hemos gustado, ahora tenemos que acoplarnos,
conocernos… los comienzos son jodidos, pero cuando llega el olvido, son de las
pocas cosas que se nos quedan pegadas al hipocampo, como la nicotina a los
pulmones.
Cosas nuevas, proyectos nuevos,
año recién estrenado… cuando rondas la cuarentena, al menos en mi caso, el
miedo se va convirtiendo paulatinamente en curiosidad, cada vez menos miedo y
más curiosidad.
Bienvenido nuevo reloj, espero
que la nuestra sea una relación serena, más o menos precisa, pero feliz.
No sé si buscarle nombre nuevo o
dejarle reloj.
Mi reloj ha muerto
Los relojes me apasionan. Nunca
he tenido grandes relojes, ni colecciono, pero soy de los que se quedan
embobados con los anuncios que aparecen en los periódicos, en blanco y negro.
Nunca he tenido grandes relojes
porque los grandes relojes son muy caros. No me gustan todos los relojes, me
gustan casi en exclusiva los relojes mecánicos, en general cualquier reloj que
no requiera de un cambio de batería para seguir funcionando.
Desde hace unos cinco o seis años
llevaba en mi muñeca un reloj mecánico Viceroy precioso. Muy bonito, pero que
me ha dado más problemas que un dolor. Poco preciso, poco resistente, poco
estanco… Mi reloj era muy bonito, realmente bonito, pero tirando a malo.
Siempre me ha apasionado la idea
de que ese reloj iba a durar exactamente lo que durase su dueño, es decir, yo.
Mientras mi cuerpecillo siguiese en movimiento (aunque sea poco) su mecanismo
de carga seguiría funcionando y, con o sin desviaciones (casi siempre, con)
seguiría marcando la hora. Seguiría funcionando hasta que yo permaneciese
quieto por un tiempo prolongado, fuese por muerte, o por cualquier otra
circunstancia. Mi reloj moriría conmigo.
Pero eso pensaba yo… la cruda
realidad es que mi reloj murió hace dos días en tierras riojanas. Murió en un
paraje espectacular, lleno de viñedos, de buenos caldos, de tiempo de mierda,
de campo que huele a campo. Murió feliz, cansado, borracho. Mi reloj padecía el
alzheimer de las cosas mecánicas desde hace tiempo, olvidaba el día en el que
vivía, incluso el mes y el año. Permanecía ya ajeno a la vida de su dueño, ya
no nos reíamos juntos como al principio. Mi reloj murió cerca de Laguardia sin
grandes espectáculos; murió de forma callada, como no queriendo interrumpir una
noche preciosa, de color burdeos, de risas y vino, de camas separadas.
Mi reloj me ha acompañado hasta
ese día en todo momento. Hemos viajado por el mundo, hemos volado con ryanair…
Me ha dado sustos de muerte cuando se escondía por casa y no daba con él.
Mi reloj ha vivido conmigo cosas
muy buenas, alguna mala y dura, pero siempre digo que soy un tipo con suerte,
han sido casi en su mayoría cosas buenas. Mi reloj adoraba ser mirado, y
llevaba con mucha dignidad las heridas de su cristal mineral (¿son las canas de
los relojes?).
Mi reloj ahora descansa en una
estantería con más recuerdos, en primera línea, para poder seguir siendo mirado
por mí. Ya no se oye su mecanismo, nada se mueve ya. Me da la impresión de que
el cabrón ha muerto con una sonrisa en la cara, la forma cóncava de su
calendario retrógrado dice lo contrario, pero yo estoy seguro de que es una
sonrisa.
Mi reloj ha vivido bien.
Ya te estoy echando de menos
viejo…
martes, 21 de enero de 2014
Mis colegas (2)
A mi amigo el Moro, sus amigos le
llamamos así por su apellido: Mora.
Mi amigo el Moro es uno de los
tipos más interesantes que conozco. Debe andar por el medio siglo vivido, es
decir, ha dado más de cincuenta vueltas al sol. Es un hipocondríaco, sufre
habituales trastornos de ansiedad, es diabético, toca la guitarra y canta en ‘Los
viejos verdes’ y va por la vida montado en su honda shadow.
Mi amigo el Moro y yo nos
cruzamos en la vida no hace demasiados años mientras ambos navegábamos por las
turbulentas aguas de la música; su grupo y el mío compartimos baterista. Desde que
nos conocimos, ambos supimos que nos íbamos a llevar bien; me pasa muy a
menudo, es como un flechazo, al poco de conocer
una persona, tengo el presentimiento de cómo va a ir la cosa, si merece la
pena, si no. Ahora que lo pienso, algo de presentimiento habrá, pero realmente
las personas no dejamos de mandar mensajes a los demás a cada segundo, con
nuestro discurso, nuestra expresión de la cara, la disposición del cuerpo, etc…
Con el Moro creo que ambos tuvimos muy claro que la cosa iba a ir sobre ruedas.
Y sobre ruedas fue, nos unen nuestras grandes pasiones, la música, las motos,
los bares, las chicas. En cuanto a esto último, no nos une mucho; a mi amigo el
Moro le gusta un tipo de mujer que nada tiene que ver con la que me gusta a mí.
Su frase preferida para describir a una chavala ideal es: ‘que no chape’ y a
mí, sinceramente, me da igual que chapen o que no.
Mi amigo el Moro escribe de puta
madre, se trate de canciones, de relatos cortos o historietas de su juventud,
lo hace de una manera soberbia, lo hace muy Bukowski, pero con ramalazos emotivos
a lo Byron, con una pizquita de Wilde, todo sazonado con unos gramos de
Hemingway. Mi amigo el Moro escribe realmente bien. Tenemos el proyecto en
mente de escribir una novela a medias, como Ana Rosa Quintana, pero a medias de
verdad (esta mala baba gratuita es porque he madrugado un huevo hoy…) pero
supongo que jamás llegará a término, somos demasiado inconstantes los dos.
Mi amigo el Moro es del Atleti y
en los mundiales va con Paraguay por joder. Como hitos importantes en su vida
está el de mantener la salud que ostenta a los cincuenta después de castigar a
su cuerpo como lo hacía y lo hace y, sobre todo, haberse trajinado a un
personaje público. Al respecto de esto último, reconozco que no controlo mucho
este medio, de modo que, por precaución no daré nombres, sólo pistas. Mi amigo
el Moro se trajinó a una mujer que actualmente es una política de primera fila
de nuestro querido país, una tipa que nada tiene que ver con la ideología
política del Moro (yo creo que eso ayudó a que el Moro le diera lo suyo y lo de
su prima), y a la tipa en cuestión, parece ser que le gustó la idea de hacer
ocho nudos a un fular de seda (nada tosco, que era toda una señorita) y bueno,
pues eso, ocho nudos… qué grande es mi amigo el Moro.
Me encantan las historias de
juventud de mi amigo el Moro, esas drogas con nombres de medicamentos (bueno, ¡qué coño! ¡es que eran medicamentos!), ese Madrid canalla y putero, sus colegas
drogatas, garitos que ya no existen, hostias en motos...
Mi colega el Moro trabajó muchos
años en publicidad, hasta que hace dos o así, le echaron a la calle, según él,
el puto internet está destruyendo más empleos que Rajoy quien, por cierto, no es
el personaje de la política que se trajinó el Moro, al menos que yo sepa. Y
ahora, mi colega el Moro, está detrás de cumplir uno de sus sueños, que es
abrir una taberna. Se llamará ‘taberna la moderna’ y cuando esté abierta, será
un sitio que recomendaré a todo el mundo. Promete buena musiquita de fondo,
exposiciones, buenos caldos y buenas viandas. Además, si el cliente tiene
suerte y pilla al Moro con un día inspirado, seguramente le cuente como
introdujo, uno tras otro, los ocho nudos de ese fular en el ano de aquella
política innombrable. El Moro dice que va a ser el Café Gijón de la zona norte de la capital.
Para el que tenga curiosidad, ya
tiene varias pistas para cruzarse al moro en su vida. Un concierto de ‘los
viejos verdes’ o un vino en 'taberna la moderna’
Mi colega el Moro está que si se
separa de su mujer o que si no… y yo, como buen psicólogo, nunca le animo a
ninguna de las dos, me limito a pasarle cajas de Lexatín cuando caen en mis
manos, luego la verdad, es que el tío comparte, si me ve con una tarde jodida
como la del otro día, me da uno a mí; compartir es vivir.
Al igual que con el Barullo,
podría seguir todo el día contando cómo es mi colega el Moro, pero con este
retazo bastará. Únicamente escribo estas movidas por si en algún momento de mi
vida pierdo completamente la memoria. Con estas líneas y alguna de las muchas
fotos que tengo de mi colega el Moro, me haré una idea del personaje.
El Moro es otro tipo que merece
realmente la pena. Os presento a mi colega, el Moro:
miércoles, 16 de enero de 2013
África
Ayer 15 de enero de 2013, vino África a este mundillo....
África es mi nueva sobrina (porque lo digo yo) y estoy muy contento por los tres, ayer ya lo celebré un poco, y en breves, lo celebraré un poco más.
África va a tener suerte en la vida.
Desde aquí, un beso enorme para la madre, el padre y la niña.
Tengo un huevo de sobrinos/as y hace poco que me han empezado a salir canas en los pelos del pecho...
Larga y próspera vida para África!!!!
viernes, 28 de diciembre de 2012
Mis colegas (1)
Bueno, el que va a tener el dudoso honor de abrir esta serie es.... (bada-dum-pst-pst) Barullo!
Mi colega el barullo es un extraño tipo. Laura dice que es el que más salud mental ostenta, quizá sea cierto, aunque parece todo lo contrario. Su salud mental es contraintuitiva.
Mi colega el barullo es un buen tipo, un gran baterista, un TDAH sólo diagnosticado por mi y tiene el pelo rizado.
A barullo le gusta la gente, la música, el orden, las movidas de pareja y (muy a mi pesar) los karaokes. Si alguna vez recibís en vuestro móvil un mensaje con una foto de un pene, es muy probable que el emisor sea el barullo, y que el miembro sea el suyo propio. A barullo le gusta enseñar su pene.
Barullo es el único tipo que conozco que ha pasado la noche de nochebuena a diez mil pies de altura, dentro de un avión sobrevolando el atlántico, un error con el cambio horario le facilitó tamaña hazaña.
Barullo es el tipo adecuado si lo que buscas es un animador para una fiesta. Y lo más curioso es que consigue animar con juegos casposos de los 80, juegos de esos de monitor de campamento (dios! cuánto los odio!) pero funcionan.
A barullo y a mi, nos gusta inventar historias graciosillas para reírnos un rato. Hay quién las escucha con la típica cara de: 'vaya par de gilipollas', yo me lo paso pirata y siempre me prometo escribirlas; nunca lo hago. Una de las últimas era la descripción de la cara del zoquete que se tira al agua desde su yate cuando todos sus colegas ya están en el agua y nadie queda a bordo, tampoco hay escaleras para subir de nuevo. Además, la aderezamos con el salto: el colega se tiró a bomba.
El barullo nos regala una vez al año unos días en Gandía con petardos. Le gustan los petardos.
El barullo pegó un tiro, ya hace años, con una escopeta de perdigones desde su habitación y le dió a la bombilla de una casa de enfrente. Creo que ya no le gustan las armas.
El barullo se pega gominolas en la cara y solía entrar a las chavalas con un: 'Hola, te apetezco?' ¡qué grande es el barullo!.
Barullo tiene unas teorías acerca de la sexualidad femenina que deberían echarlas en la tele en vez del discurso del rey, creo firmemente que ayudarían mucho más a la nación en estos tiempos de crisis.
El barullo regaló hace poco esto a una amiga suya:
Según sus propias palabras, es una tablet para que las chavalas ensayen su peinado de jerzal. (el que sale reflejado en la pantalla es él) y quedó anonadado cuando la chavala en cuestión le dijo que no le gustaba. En realidad, quedamos anonadados todos los colegas, ¿cómo no te va a gustar?.
A barullo le gusta saborear historias del instituto, de hace años, de sus antiguos colegas... es, creo, lo que más le gusta; bueno, y lo de enseñar su pene, eso también.
El barullo me inspira, me hace reír mucho, me deja flipado con sus cuadros, con su tele pintada de rojo, con su idea superlativa de instalar una piscina es una de las habitaciones de su casa y decorar las paredes con fotos de palmeras.
El barullo es un tío muy sentido, lleva muy mal que no se le contesten los mails, que no se le llame para una caña, que le traten como a un niño.
El barullo dedica, a veces, mucho tiempo a pulir imitaciones de famosos. Es bueno:
El barullo quizá no ha sido la mejor persona para empezar esta serie... podría pasarme horas contando movidas.
Os iba a decir que, ahora que sabéis cómo es su cara, si alguna vez os lo cruzáis, invitadle a una caña para disfrutar un rato de él, pero no hace falta; lo más seguro que sea él quién se acerque a vosotros, sobre todo si, en vez de vosotros, sois vosotras.
El barullo es un tipo que merece la pena.
Mi colega el barullo es un extraño tipo. Laura dice que es el que más salud mental ostenta, quizá sea cierto, aunque parece todo lo contrario. Su salud mental es contraintuitiva.
Mi colega el barullo es un buen tipo, un gran baterista, un TDAH sólo diagnosticado por mi y tiene el pelo rizado.
A barullo le gusta la gente, la música, el orden, las movidas de pareja y (muy a mi pesar) los karaokes. Si alguna vez recibís en vuestro móvil un mensaje con una foto de un pene, es muy probable que el emisor sea el barullo, y que el miembro sea el suyo propio. A barullo le gusta enseñar su pene.
Barullo es el único tipo que conozco que ha pasado la noche de nochebuena a diez mil pies de altura, dentro de un avión sobrevolando el atlántico, un error con el cambio horario le facilitó tamaña hazaña.
Barullo es el tipo adecuado si lo que buscas es un animador para una fiesta. Y lo más curioso es que consigue animar con juegos casposos de los 80, juegos de esos de monitor de campamento (dios! cuánto los odio!) pero funcionan.
A barullo y a mi, nos gusta inventar historias graciosillas para reírnos un rato. Hay quién las escucha con la típica cara de: 'vaya par de gilipollas', yo me lo paso pirata y siempre me prometo escribirlas; nunca lo hago. Una de las últimas era la descripción de la cara del zoquete que se tira al agua desde su yate cuando todos sus colegas ya están en el agua y nadie queda a bordo, tampoco hay escaleras para subir de nuevo. Además, la aderezamos con el salto: el colega se tiró a bomba.
El barullo nos regala una vez al año unos días en Gandía con petardos. Le gustan los petardos.
El barullo pegó un tiro, ya hace años, con una escopeta de perdigones desde su habitación y le dió a la bombilla de una casa de enfrente. Creo que ya no le gustan las armas.
El barullo se pega gominolas en la cara y solía entrar a las chavalas con un: 'Hola, te apetezco?' ¡qué grande es el barullo!.
Barullo tiene unas teorías acerca de la sexualidad femenina que deberían echarlas en la tele en vez del discurso del rey, creo firmemente que ayudarían mucho más a la nación en estos tiempos de crisis.
El barullo regaló hace poco esto a una amiga suya:
Según sus propias palabras, es una tablet para que las chavalas ensayen su peinado de jerzal. (el que sale reflejado en la pantalla es él) y quedó anonadado cuando la chavala en cuestión le dijo que no le gustaba. En realidad, quedamos anonadados todos los colegas, ¿cómo no te va a gustar?.
A barullo le gusta saborear historias del instituto, de hace años, de sus antiguos colegas... es, creo, lo que más le gusta; bueno, y lo de enseñar su pene, eso también.
El barullo me inspira, me hace reír mucho, me deja flipado con sus cuadros, con su tele pintada de rojo, con su idea superlativa de instalar una piscina es una de las habitaciones de su casa y decorar las paredes con fotos de palmeras.
El barullo es un tío muy sentido, lleva muy mal que no se le contesten los mails, que no se le llame para una caña, que le traten como a un niño.
El barullo dedica, a veces, mucho tiempo a pulir imitaciones de famosos. Es bueno:
El barullo quizá no ha sido la mejor persona para empezar esta serie... podría pasarme horas contando movidas.
Os iba a decir que, ahora que sabéis cómo es su cara, si alguna vez os lo cruzáis, invitadle a una caña para disfrutar un rato de él, pero no hace falta; lo más seguro que sea él quién se acerque a vosotros, sobre todo si, en vez de vosotros, sois vosotras.
El barullo es un tipo que merece la pena.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Baby... booooom! baby...
Ultimamente muchos de mis amigos están quedándose grávidos... No sé si los mayas tienen algo que ver con esto, la crisis o quizá, y esto es lo que me gusta pensar, esos vinilos olvidados de Barry White.
Pienso en ello, algo me estruja el estómago.
En cualquier caso, hay que ser pragmático. Este es mi consejo para todos aquellos que se encuentren en el mismo estado.
Cuando tú has ido, los chinos han ido, se han tomado una caña, y han vuelto.
Pienso en ello, algo me estruja el estómago.
En cualquier caso, hay que ser pragmático. Este es mi consejo para todos aquellos que se encuentren en el mismo estado.
Cuando tú has ido, los chinos han ido, se han tomado una caña, y han vuelto.
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