jueves, 25 de junio de 2015

Friday

Hoy, para mi, vuelve a ser viernes.

Y me vuelvo a pirar, que vuelvo a estar bastantehastaloscojones.




Adoro a Emma Stone.

Derrière

La foto la he extraído de www.elpais.com y la chica en cuestión, no sé muy bien quién es, pero se llama Adriana Abenia.

Lo realmente interesante, lo verdaderamente curioso es el nombre de la prenda que lleva: derrière.



como para no adorar la lengua gala...

derrierrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr

lunes, 8 de junio de 2015

Del Sporting, porque sí.

Artículo de Eduardo J. Castelao. 
Extraído de 'El País' del lunes 08/06/2015

Del Sporting, porque sí.
Aficionados celebran el ascenso a Primera del Sporting de Gijón en el...

Una de las grandes mentiras de Twitter, y antes de los bares, es que hay muchísima gente del Sporting. Tremendo embuste. No es que haya más gente del Sporting, lo que pasa es que estamos más orgullosos que los demás de ser haber nacido donde nacimos, de ser de donde somos y de soportar el suplicio que supone ser del Sporting de Gijón durante el 99% de la vida. A ojos de los grandes, no hace falta citarlos, somos unos 'paletos'. Nuestra diferencia con los demás es que nos sentimos orgullosos de ser 'paletos'. Es más: no queremos cambiar, queremos seguir siendo 'paletos'.
Explicado el engaño, el peligroso turno matinal, que se llama Guacimara, interrumpe la resaca. ¿Por qué eres del Sporting? Sudores...
Porque es el único equipo del mundo con un Oscar.
Porque nunca se puede ser tan feliz jugando al fútbol como cuando la pelota te llega a la rodilla, el barro se mete en los ojos y el granizo hace moratones. No se puede ser tan feliz, incluso jugando para el colegio Primo de Rivera.
Porque mi padre decía que era del Oviedo, y quizá hacerme del Sporting fue la primera forma que encontré de llevarle la contraria.
Porque en La Calzada, entre yonkis y escombros, no se podía ser de otro equipo.
Porque esa camiseta roja y blanca la llevaban muchos obreros de los astilleros cuando quemaban contenedores en la puerta de la Casa del Mar.
Porque esos obreros, que protestaban contra Felipe, recogían las pelotas de goma de la policía -con su bola de acero y todo- y se las daban a los chavales, y lo hacían con la camiseta del Sporting manchada de humo y de sangre.
Porque emigrar exige un asidero emocional, algo a lo que agarrarse cuando te quedas sin raíces. Y del Sporting, a las malas, hablabaPepe Domingo en Carrusel.
Porque al Sporting llevan 25 años intentando matarlo sus dueños y ahí sigue. Respirando con máquinas, pero vivo.
Porque suponemos que eso, vivir, lo hace por nosotros, los hinchas, así que nosotros lo hacemos por él.
Porque el Sporting es carbón y mar, muerte.
Porque Quini no llora por el cáncer pero llora por el Sporting, y si Quini llora, coño, lloramos todos.
Por Manolo, que está vivo.
Por Noel, que es pequeño y no lo entiende.
Por mi madre, que se ríe.
Porque Víctor Manuel, que a veces no sabe lo que dice, pero siempre sabe lo que canta. Dice el himno del centenario: "Para salir de pobres hay que luchar". Mentira. Y dice también: "Perdámoslo todo, menos la vergüenza". Verdad.
Porque sí. Porque somos del Sporting.

jueves, 23 de abril de 2015

lunes, 20 de abril de 2015

Os traigo amooooor...

Contras de tener un problemilla a nivel muscoesquelético: dolor, fatal consciencia del paso del tiempo, sentimiento de fragilidad.

Pros de tener un problemilla a nivel muscoesquelético: p a s t i l l a c a s



domingo, 19 de abril de 2015

viernes, 27 de febrero de 2015

jueves, 26 de febrero de 2015

Oliver Sacks

Hace un mes me encontraba bien de salud, incluso francamente bien. A mis 81 años, seguía nadando un kilómetro y medio cada día. Pero mi suerte tenía un límite: poco después me enteré de que tengo metástasis múltiples en el hígado. Hace nueve años me descubrieron en el ojo un tumor poco frecuente, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el tratamiento de láser a los que me sometí para eliminarlo acabaron por dejarme ciego de ese ojo, es muy raro que ese tipo de tumor se reproduzca. Pues bien, yo pertenezco al desafortunado 2%.
Doy gracias por haber disfrutado de nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico inicial, pero ha llegado el momento de enfrentarme de cerca a la muerte. Las metástasis ocupan un tercio de mi hígado, y, aunque se puede retrasar su avance, son un tipo de cáncer que no puede detenerse. De modo que debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de la manera más rica, intensa y productiva que pueda. Me sirven de estímulo las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, que, al saber que estaba mortalmente enfermo, a los 65 años, escribió una breve autobiografía, en un solo día de abril de 1776. La tituló De mi propia vida.
“Imagino un rápido deterioro”, escribió. “Mi trastorno me ha producido muy poco dolor; y, lo que es aún más raro, a pesar de mi gran empeoramiento, mi ánimo no ha decaído ni por un instante. Poseo la misma pasión de siempre por el estudio y gozo igual de la compañía de otros”.
He tenido la inmensa suerte de vivir más allá de los 80 años, y esos 15 años más que los que vivió Hume han sido tan ricos en el trabajo como en el amor. En ese tiempo he publicado cinco libros y he terminado una autobiografía (bastante más larga que las breves páginas de Hume) que se publicará esta primavera; y tengo unos cuantos libros más casi terminados.
Hume continuaba: “Soy… un hombre de temperamento dócil, de genio controlado, de carácter abierto, sociable y alegre, capaz de sentir afecto pero poco dado al odio, y de gran moderación en todas mis pasiones”.
En este aspecto soy distinto de Hume. Si bien he tenido relaciones amorosas y amistades, y no tengo auténticos enemigos, no puedo decir (ni podría decirlo nadie que me conozca) que soy un hombre de temperamento dócil. Al contrario, soy una persona vehemente, de violentos entusiasmos y una absoluta falta de contención en todas mis pasiones.
Sin embargo, hay una frase en el ensayo de Hume con la que estoy especialmente de acuerdo: “Es difícil”, escribió, “sentir más desapego por la vida del que siento ahora”.
En los últimos días he podido ver mi vida igual que si la observara desde una gran altura, como una especie de paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de la relación entre todas sus partes. Ahora bien, ello no significa que la dé por terminada.
Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento.
Eso quiere decir que tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme (e incluso para hacer el tonto).
De pronto me siento centrado y clarividente. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global.
No es indiferencia sino distanciamiento; sigo estando muy preocupado por Oriente Próximo, el calentamiento global, las desigualdades crecientes, pero ya no son asunto mío; son cosa del futuro. Me alegro cuando conozco a jóvenes de talento, incluso al que me hizo la biopsia y diagnosticó mis metástasis. Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos.
Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo. Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.
No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.
Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.
Oliver Sacks, catedrático de Neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, es autor de numerosos libros, entre ellos Despertares y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.
© Oliver Sacks, 2015.
Este artículo se publicó originalmente en The New York Times.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia para El País.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Cámara en directo desde la ISS



Broadcast live streaming video on Ustream

Si quieres saber por dónde va, pincha AQUÍ
Si la imagen es oscura, es que está atravesando una zona nocturna.

No dejo de flipar con estas cosas.... Según Laura, aún puedo ser astronauta, pero me tendría que poner a ello ahora mismo, el ahora mismo, lo recalca mucho, como que si parpadeo, ya no puedo...

miércoles, 11 de febrero de 2015

Noc

No es broma, es el sonido de una ballena beluga llamada Noc imitando la voz humana:


Esta preciosa ballena 'parlante' estuvo cautiva durante treinta años en la Fundación Nacional de Mamíferos en San Diego, California. Murió en 2007, pero dejó, para la posteridad, este magnífico soliloquio.